No puedo sacarme esta película de la cabeza. No dejo de imaginarme la cantidad de gente que entrega la vida por alguien que ama y, sinceramente, siento escalofríos. Tantas veces me he preguntado si eso será amor verdadero, entrega total, amistad incondicional, afecto desmedido o simple estupidez humana. Mi retina aún no borra esa imagen, de un hombre sonriendo sabiendo que está a punto de morir, solamente para inspirar tranquilidad en su hijo. Sonreír, sabiendo que nunca más lo verá. Haberle hecho creer que todo era un juego, para que él no pasara un mal rato. Haberse tragado toda la angustia sin poder mostrarse débil jamás, a fin de protegerlo. Hay que ser fuerte. Demasiado. La vida es triste. Aunque se supone que la moraleja debía ser "La vida es bella".
Sé que esta entrada no tiene mucho sentido, pero no puedo dormir y sentí que debía escribirlo. Arrivederci principessa.
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