Someone told me long ago
There's a calm before the storm,
I know;
It's been comin' for some time.
When it's over, so they say,
It'll rain a sunny day,
I know;
Shinin' down like water.
I want to know, have you ever seen the rain?
I want to know, have you ever seen the rain
Comin' down on a sunny day?
Yesterday, and days before,
Sun is cold and rain is hard,
I know;
Been that way for all my time.
'Til forever, on it goes
Through the circle, fast and slow,
I know;
It can't stop, I wonder.
I want to know, have you ever seen the rain?
I want to know, have you ever seen the rain
Comin' down on a sunny day?
Yeah!
I want to know, have you ever seen the rain?
I want to know, have you ever seen the rain
Comin' down on a sunny day?
domingo, 9 de enero de 2011
sábado, 8 de enero de 2011
La vita è bella
No puedo sacarme esta película de la cabeza. No dejo de imaginarme la cantidad de gente que entrega la vida por alguien que ama y, sinceramente, siento escalofríos. Tantas veces me he preguntado si eso será amor verdadero, entrega total, amistad incondicional, afecto desmedido o simple estupidez humana. Mi retina aún no borra esa imagen, de un hombre sonriendo sabiendo que está a punto de morir, solamente para inspirar tranquilidad en su hijo. Sonreír, sabiendo que nunca más lo verá. Haberle hecho creer que todo era un juego, para que él no pasara un mal rato. Haberse tragado toda la angustia sin poder mostrarse débil jamás, a fin de protegerlo. Hay que ser fuerte. Demasiado. La vida es triste. Aunque se supone que la moraleja debía ser "La vida es bella".
Sé que esta entrada no tiene mucho sentido, pero no puedo dormir y sentí que debía escribirlo. Arrivederci principessa.
Sé que esta entrada no tiene mucho sentido, pero no puedo dormir y sentí que debía escribirlo. Arrivederci principessa.
viernes, 7 de enero de 2011
Linyeras
Hoy salí con mi papá y nos pusimos a charlar como siempre. En un momento hizo un comentario: "nunca te dejes estar, porque hay gente brillante que lo hace y termina en la miseria, ya que al final lo más jodido de tratar es la cabeza". Lo miré y asentí, era obvio que tenía razón. Entonces empezó a contarme un par de historias de las que yo no tenía conocimiento.
-¿Yo te conté de ese hombre que había sido locutor de radio y que fue encontrado siendo linyera?
-No.
-Vivía en una lona en el bosque, y alguien lo redescubrió. Él afirma que su voz es el mejor don que le dio Dios; ahora todos se pelean por contratarlo y causó sensación en los medios.
-Y pensar que antes ganaba bien y simplemente se dejó estar, terminando en la calle.
-También había uno que trabajaba en el New York Times y desapareció por siete años. La última vez que lo vieron estaba con su traje Armani saliendo de su Mercedes Benz. Pero parece que de hacer investigaciones periodísticas con los linyeras terminó adaptándose a su vida. Y así estuvo siete años, hasta que lo encontraron. Él afirmó que de nada le servía el dinero, que nunca había sido tan feliz. Después lo llevaron al psiquiatra y hasta escribió un libro.
-Algunos de esos linyeras son impresionantes, como ellos.
-Es cierto, a mí me sorprendió una vez uno, que estaba con pilas enormes de libros. ¡Y qué libros! Hasta en inglés leía ese hombre. Hay linyeras que son casi filósofos, que tuvieron una buena vida y educación pero les dio un arranque y prefirieron vivir en la calle. Una especie de Diógenes.
En ese momento empecé a pensar en ellos, es completamente cierto que un par resultan hasta inspiradores. Personalmente, hay uno que veo muchas veces yendo por Santa Fe y está siempre estudiando. Encima no camina, está en su silla de ruedas, con un libro y su latita para monedas.
En ese instante pasamos al lado de un chico, tendría unos veinte años. Estaba tirado en una especie de camilla y era bastante flaco por la falta de comida.
-Mirá, ahí hay uno. Solo que ese no está ahí por filósofo.
-¿Yo te conté de ese hombre que había sido locutor de radio y que fue encontrado siendo linyera?
-No.
-Vivía en una lona en el bosque, y alguien lo redescubrió. Él afirma que su voz es el mejor don que le dio Dios; ahora todos se pelean por contratarlo y causó sensación en los medios.
-Y pensar que antes ganaba bien y simplemente se dejó estar, terminando en la calle.
-También había uno que trabajaba en el New York Times y desapareció por siete años. La última vez que lo vieron estaba con su traje Armani saliendo de su Mercedes Benz. Pero parece que de hacer investigaciones periodísticas con los linyeras terminó adaptándose a su vida. Y así estuvo siete años, hasta que lo encontraron. Él afirmó que de nada le servía el dinero, que nunca había sido tan feliz. Después lo llevaron al psiquiatra y hasta escribió un libro.
-Algunos de esos linyeras son impresionantes, como ellos.
-Es cierto, a mí me sorprendió una vez uno, que estaba con pilas enormes de libros. ¡Y qué libros! Hasta en inglés leía ese hombre. Hay linyeras que son casi filósofos, que tuvieron una buena vida y educación pero les dio un arranque y prefirieron vivir en la calle. Una especie de Diógenes.
En ese momento empecé a pensar en ellos, es completamente cierto que un par resultan hasta inspiradores. Personalmente, hay uno que veo muchas veces yendo por Santa Fe y está siempre estudiando. Encima no camina, está en su silla de ruedas, con un libro y su latita para monedas.
En ese instante pasamos al lado de un chico, tendría unos veinte años. Estaba tirado en una especie de camilla y era bastante flaco por la falta de comida.
-Mirá, ahí hay uno. Solo que ese no está ahí por filósofo.
miércoles, 5 de enero de 2011
Terapia
Es demasiado difícil encontrar un método terapéutico eficaz para cada uno de los habitantes de este mundo. Qué se yo, a mí no me parece tan alocado que un hombre se haga asesino serial y mate a todas las mujeres que encuentra parecidas a su mamá porque la odió toda su vida. Podríamos decir que es su terapia, es lo que le hace bien. Ya sé, ya sé, uno no puede sentirse bien haciendo semejantes atrocidades, está enfermo, tiene problemas mentales, sí, sí, como sea.
La cabeza es lo más jodido de nuestro cuerpo. Convencida estoy de que cualquier enfermedad de salud, por más terrible que sea, no le llega ni a los talones a las enfermedades mentales. Perdónenme si esta afirmación les parece arriesgada o descabellada, pero es más fácil que un paciente que ha sufrido cáncer se recupere a que aquel que tiene un trastorno cerebral grave lo haga. ¿Por qué? Alguien a quien se le diagnostica cáncer no tiene que hacer nada. Es obvio que no era algo previsto, y por ende desea seguir viviendo. Pero digamos, tiene que cumplir con el tratamiento, ingerir las medicinas y depositar todas sus esperanzas en que todo saldrá bien. Para curarse de una enfermedad mental (más allá de que se necesiten medicamentos que acompañen el tratamiento) uno tiene que querer hacerlo. Y simplemente eso, te puede llevar la vida.
La respuesta de la mayor parte de la gente es simple "andá a un psicólogo". Ojalá fuera tan fácil. Cada persona es un mundo, y el especialista que te atiende tiene que saber cómo llegar hasta él. Sin contar que hay miles de métodos diferentes, con las variaciones de cada escuela y pensador y probarlas todas sería una locura. En fin, la reacción de cada persona frente a los terapeutas es diferente, y yo solo puedo hablar de la mía.
Estuve en el despacho de dos psicólogos, una psicopedagoga y un psiquiatra. ¿Por qué empecé a ir? Mi mamá me mandó. Ella me había visto unos cortes, y en seguida me sacó un turno para una psicóloga. Creo que eso fue una de las cosas más contraproducentes al inicio de mi tratamiento, porque yo definitivamente no tenía ningún interés en ir.
Así conocí a mi primera psicóloga, una que trabajaba en el Hospital Güemes (leáse, la que cubría la obra social y por ende, era gratis). Me caía demasiado mal, probablemente por la mala predisposición con la que fui. Cada palabra que pronunciaba me hacía odiarla, la consideraba una total idiota. Sentía que era una de esas minas que se había graduado y recién estaba empezando a ejercer el título, por lo que no tenía idea de cómo tratar a su paciente. Verla a ella activó (qué raro...) mi instinto de superioridad. Simplemente, creía que yo era mejor de ella, y que estar en esa oficina era un desperdicio. Imagínense lo que era mi cabeza, para empezar a cortarme antes de cada sesión, solamente para poder pensar "mirá, estoy cortada y vos no tenés idea, sos una idiota" mientras la veía hablarme. No me costó demasiado hacer que me soltara, a los dos meses ya había finalizado mi ciclo y ella creyó que no necesitaba otro.
Por supuesto que para mí todo eso había sido absurdo y me sentía exactamente igual que como había entrado. Un tiempo después, mi mamá vio unos folletos en una puerta que está sobre la misma calle que mi casa, resultó ser la dirección de un psicólogo. Me dijo que me había sacado un turno, que me haría bien ir. Cuando vi la fachada, ya me imaginé que iba a ser cualquier cosa, y que un par de las cosas que más habían influido en la decisión de mandarme allí eran: podía ir sola sin ningún problema y salía barato. La primera sesión mi mamá tuvo que quedarse adentro y el nuevo psicólogo, Pablo, comenzó con sus charlas. Al principio parecía un tipo copado, alguien que decía cosas bastante lógicas. Había cosas de su método que eran productivas, y muchas de las que hoy en día sigo recordando. Pero con el tiempo me empezó a aburrir, y creí que el que estaba un poco loco era él, no yo. Para mí que era seguidor de Freud igualmente, todo lo que le decía tenía siempre algo que ver con la sexualidad. En fin, le dije que no quería hacer más terapia y dejé de ir. Un par de veces me lo crucé por la calle y me obligó a entrar a su consultorio y contarle qué era de mi vida. Pobre, qué se yo.
Mi último intento de terapia fue con mi psiquiatra (no cuento a la psicopedagoga porque no era algo permanente y se superpuso a esto). Al principio prácticamente no me habló, me hizo montones de tests. Cuando me empezó a hablar me cayó realmente bien, y sentí que comprendía bastante mis gustos. Siempre me decía que mi grupo era "intelectual" y me recomendaba libros y obras de teatro, aunque me dijo que dejara de leer a Dostoievski porque me iba a deprimir más (en eso obviamente nunca le hice caso). Me hizo varias preguntas, a las que yo no podía responder. Una vez me dijo "¿Qué es la realidad?". Aún me acuerdo de mi respuesta "Yo sé qué es lo que usted quiere que le responda, pero realmente no lo creo." Le dije lo que yo sabía que quería escuchar ("La realidad es todo aquello que es percibido de la misma forma por las personas que viven") pero le expliqué mi disconformidad con la frase. Me dijo que esa era justamente la definición que debería dar, que aunque yo no lo creyera, eso era la realidad. Ahora que lo pienso, fue una respuesta medio esquizofrénica. Igual que todas mis afirmaciones de que querían controlar mi cerebro (sí, suena loco). Tal vez por eso me empezó a medicar con antipsicóticos. Además, me explicó que tenía una disposición genética general, y por eso había casos de depresión y suicido en mi familia. Y que lo demás se aprende, o se genera a partir de las vivencias personales. Una vez me dijo "Sinceramente no puedo culparte, razones para deprimirte tenés de sobra". Qué triste. En fin, después de casi un año, terminé mi tratamiento. Me advirtió que podría tener recaídas y todo eso. Pero bueno, concluyó de manera pacífica.Y quién sabe cuándo volveré.
Las apariciones de la psicopedagoga fueron esporádicas, era la del colegio. Me había llamado con anterioridad, pero digamos que se preocupó una vez que me escapé del colegio. Me insistía en realizar un tratamiento psicológico además del psiquiátrico. Lo consideré una idiotez, se lo comenté a mi psiquiatra y se mató de risa. Después le mandó un sobre con revistas de psicología y una entrada gratis a una conferencia de psicólogos, al mejor estilo de "primero aprendé y después hablá". Es un genio. Algún día voy a volver a visitarlo.
La cabeza es lo más jodido de nuestro cuerpo. Convencida estoy de que cualquier enfermedad de salud, por más terrible que sea, no le llega ni a los talones a las enfermedades mentales. Perdónenme si esta afirmación les parece arriesgada o descabellada, pero es más fácil que un paciente que ha sufrido cáncer se recupere a que aquel que tiene un trastorno cerebral grave lo haga. ¿Por qué? Alguien a quien se le diagnostica cáncer no tiene que hacer nada. Es obvio que no era algo previsto, y por ende desea seguir viviendo. Pero digamos, tiene que cumplir con el tratamiento, ingerir las medicinas y depositar todas sus esperanzas en que todo saldrá bien. Para curarse de una enfermedad mental (más allá de que se necesiten medicamentos que acompañen el tratamiento) uno tiene que querer hacerlo. Y simplemente eso, te puede llevar la vida.
La respuesta de la mayor parte de la gente es simple "andá a un psicólogo". Ojalá fuera tan fácil. Cada persona es un mundo, y el especialista que te atiende tiene que saber cómo llegar hasta él. Sin contar que hay miles de métodos diferentes, con las variaciones de cada escuela y pensador y probarlas todas sería una locura. En fin, la reacción de cada persona frente a los terapeutas es diferente, y yo solo puedo hablar de la mía.
Estuve en el despacho de dos psicólogos, una psicopedagoga y un psiquiatra. ¿Por qué empecé a ir? Mi mamá me mandó. Ella me había visto unos cortes, y en seguida me sacó un turno para una psicóloga. Creo que eso fue una de las cosas más contraproducentes al inicio de mi tratamiento, porque yo definitivamente no tenía ningún interés en ir.
Así conocí a mi primera psicóloga, una que trabajaba en el Hospital Güemes (leáse, la que cubría la obra social y por ende, era gratis). Me caía demasiado mal, probablemente por la mala predisposición con la que fui. Cada palabra que pronunciaba me hacía odiarla, la consideraba una total idiota. Sentía que era una de esas minas que se había graduado y recién estaba empezando a ejercer el título, por lo que no tenía idea de cómo tratar a su paciente. Verla a ella activó (qué raro...) mi instinto de superioridad. Simplemente, creía que yo era mejor de ella, y que estar en esa oficina era un desperdicio. Imagínense lo que era mi cabeza, para empezar a cortarme antes de cada sesión, solamente para poder pensar "mirá, estoy cortada y vos no tenés idea, sos una idiota" mientras la veía hablarme. No me costó demasiado hacer que me soltara, a los dos meses ya había finalizado mi ciclo y ella creyó que no necesitaba otro.
Por supuesto que para mí todo eso había sido absurdo y me sentía exactamente igual que como había entrado. Un tiempo después, mi mamá vio unos folletos en una puerta que está sobre la misma calle que mi casa, resultó ser la dirección de un psicólogo. Me dijo que me había sacado un turno, que me haría bien ir. Cuando vi la fachada, ya me imaginé que iba a ser cualquier cosa, y que un par de las cosas que más habían influido en la decisión de mandarme allí eran: podía ir sola sin ningún problema y salía barato. La primera sesión mi mamá tuvo que quedarse adentro y el nuevo psicólogo, Pablo, comenzó con sus charlas. Al principio parecía un tipo copado, alguien que decía cosas bastante lógicas. Había cosas de su método que eran productivas, y muchas de las que hoy en día sigo recordando. Pero con el tiempo me empezó a aburrir, y creí que el que estaba un poco loco era él, no yo. Para mí que era seguidor de Freud igualmente, todo lo que le decía tenía siempre algo que ver con la sexualidad. En fin, le dije que no quería hacer más terapia y dejé de ir. Un par de veces me lo crucé por la calle y me obligó a entrar a su consultorio y contarle qué era de mi vida. Pobre, qué se yo.
Mi último intento de terapia fue con mi psiquiatra (no cuento a la psicopedagoga porque no era algo permanente y se superpuso a esto). Al principio prácticamente no me habló, me hizo montones de tests. Cuando me empezó a hablar me cayó realmente bien, y sentí que comprendía bastante mis gustos. Siempre me decía que mi grupo era "intelectual" y me recomendaba libros y obras de teatro, aunque me dijo que dejara de leer a Dostoievski porque me iba a deprimir más (en eso obviamente nunca le hice caso). Me hizo varias preguntas, a las que yo no podía responder. Una vez me dijo "¿Qué es la realidad?". Aún me acuerdo de mi respuesta "Yo sé qué es lo que usted quiere que le responda, pero realmente no lo creo." Le dije lo que yo sabía que quería escuchar ("La realidad es todo aquello que es percibido de la misma forma por las personas que viven") pero le expliqué mi disconformidad con la frase. Me dijo que esa era justamente la definición que debería dar, que aunque yo no lo creyera, eso era la realidad. Ahora que lo pienso, fue una respuesta medio esquizofrénica. Igual que todas mis afirmaciones de que querían controlar mi cerebro (sí, suena loco). Tal vez por eso me empezó a medicar con antipsicóticos. Además, me explicó que tenía una disposición genética general, y por eso había casos de depresión y suicido en mi familia. Y que lo demás se aprende, o se genera a partir de las vivencias personales. Una vez me dijo "Sinceramente no puedo culparte, razones para deprimirte tenés de sobra". Qué triste. En fin, después de casi un año, terminé mi tratamiento. Me advirtió que podría tener recaídas y todo eso. Pero bueno, concluyó de manera pacífica.Y quién sabe cuándo volveré.
Las apariciones de la psicopedagoga fueron esporádicas, era la del colegio. Me había llamado con anterioridad, pero digamos que se preocupó una vez que me escapé del colegio. Me insistía en realizar un tratamiento psicológico además del psiquiátrico. Lo consideré una idiotez, se lo comenté a mi psiquiatra y se mató de risa. Después le mandó un sobre con revistas de psicología y una entrada gratis a una conferencia de psicólogos, al mejor estilo de "primero aprendé y después hablá". Es un genio. Algún día voy a volver a visitarlo.
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martes, 4 de enero de 2011
Father and daughter
El otro día fui al restaurante y me percaté de que habían cambiado los manteles de las mesas. Apenas los vi me parecieron horribles, definitivamente el bordó y el blanco daban un aspecto mucho más elegante al lugar. Además los nuevos manteles eran demasiado largos, y la combinación de los colores evocaba ligeramente la imagen de un taxi. Obviamente lancé tremendas exclamaciones de disconformidad, expresando cualquier insulto o comparación desagradable que podía realizar al respecto. Pero me causó mucha gracia lo que dijo mi tía sobre el tema: "y yo que pensaba 'qué bueno que no está Eddy para criticar la decoración y decirme que los manteles están horribles', pero parece que ya consiguió reemplazante".
Es que ese es justamente otro de los ámbitos donde nos encuentran parecidos. Me había pasado con anterioridad, varios mozos dijeron "Jessiquita es igual a su papá, tienen el mismo carácter". Yo lo tomo como algo bueno, porque siempre fue a él a quien le hicieron caso y a quien todos respetan por sus capacidades. A mi vieja en cambio, como siempre, le pasan por encima. Como sea, siempre nos encontraron muy parecidos, lo que confirma lo que dije con anterioridad acerca de nuestra mutua comprensión de enredos mentales.
Es por eso que más de una vez, al encontrarme llorando o sentir que estaba mal, me ha dado alguna que otra charla. Recuerdo una específica, que surgió a través de una conversación entre mi mamá, mi papá y yo. Mi mamá me veía llorar y me preguntaba por qué, como si yo misma supiera todo lo que me pasa. Encima le decía que no sabía y pensaba que le ocultaba algo, por lo que entendí que no tenía demasiada noción de mi realidad. Y si le intentaba explicar algo, fallaba al entenderlo.
-(M): Pero ¿qué es lo que te pasa? Por algo tenés que estar triste, no podés llorar porque si.
-(J): Estoy triste porque no sé qué hacer con mi vida.
-(M): ¿Cómo no vas a saber qué hacer con tu vida? ¡Si está muy claro lo que tenés que hacer! Tenés que terminar la secundaria, estudiar una carrera, trabajar...
-(J): Esas cosas no valen nada, yo necesito algo por lo que vivir.
-(M): ¡Pero te estoy diciendo...!
-(P): Vos no la entendés, ella te está hablando de otra cosa, de algo más profundo. Yo sé perfectamente a lo que se refiere, si yo mismo con cuarenta años aún no sé qué hacer con mi vida...
Concluida esa charla yo seguía de pésimo estado anímico. Esa madrugada mi papá me habló una vez más.
-(P): ¿Vos sabés lo que le pasó al hijo de la mona, no? El que se mató.
-(J): Sí, se colgó.
-(P): Nunca me pude dejar de sentir culpable. Éramos bastante cercanos y él me contaba lo que le pasaba, pero yo jamás pude hacer nada. A veces me pregunto si aunque sea a los golpes podría haberlo hecho reaccionar... Tenía tu edad, ¿sabés por qué lo hizo?
-(J): ¿Por qué?
-(P): Porque no sabía qué hacer con su vida. Y se mató.
-(J): ...
-(P): No te imaginás lo que es la culpa, debe ser el peor sentimiento de todos. Es una carga que nunca te vas a poder sacar de encima, así pasen años... No quiero tener que cargar con otra.
~It's not time to make a change. Just relax, take it easy.~
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lunes, 3 de enero de 2011
Die Welle
Ich habe heute die Welle gesehen. Y realmente estoy un poco perturbada. Creo que es una de esas películas que revuelve las ideas en el interior de cada uno y generan dudas acerca de uno mismo. ¿Por qué? ¿Por qué estas cosas nos afectan tanto? Creo que eso se esconde en nuestra naturaleza humana. Ciertas imágenes, acciones o palabras activan un mecanismo de nuestro cerebro que suele permanecer escondido. Un sentimiento que nos hace las preguntas más crueles, aquellas que evadimos normalmente, y no nos permite mentir al responder. Es esa certeza interior de que uno también cayó. ¿Cuántos de nosotros podríamos defender nuestros ideales teniendo al mundo en contra? Hay que ser sincero, por más que en un principio uno intentara hacerlo, las respuestas negativas serían abrumadoras. Y eso es precisamente lo que causa un malestar en nuestro cuerpo y mente, haciéndonos sufrir de forma tal que pagaríamos un precio muy alto por evitarlo. Es más fácil rendirse y ver cómo los demás se pudren. Para los humanos va a ser siempre un "sálvense quien pueda".
A veces me pregunto hasta qué punto uno puede ser individualista. ¿Realmente existe el individualismo? ¿Realmente existe la dictadura? Hay cosas que hacemos diariamente y nadie considera dictatoriales. Si lo piensan de la manera más abstracta posible se darán cuenta. Estamos insertados en algo que no sabemos qué es con exactitud, ese algo que se denomina sociedad, comunidad. A mí eso me parece dictatorial. Cuando digo que la escuela es una especie de manipulación, no lo digo porque soy vaga y no se me canta estudiar. Pero piénsenlo un rato. Nosotros inventamos este juego. Nosotros inventamos las normas, las leyes. ¿Por qué seguimos algunas y no otras? ¿Cuál es el factor que determina lo que es correcto y lo que está mal?
Me parece que la película es una fiel representación a la realidad. Lo único que falta es darle un significado más completo, la segunda acepción de la palabra por así decirlo. Porque al final, todos vivimos en una dictadura que nosotros mismos creamos, pero no nos damos cuenta. Forzamos a los demás a encajar en nuestra propia realidad y no nos damos cuenta. Dictadura no es solo imponerse como líder en un grupo y hacer que la gente se mate entre sí. Dictadura es burlarse del que tiene una enfermedad mental o una discapacidad. Dictadura es evitar hablar con quien no se viste como uno. Dictadura es pegarle a un niño porque no terminó su comida. Pero es propia del ser humano. Y sin dictadura, nos estaríamos quejando del liberalismo. No digo que esté bien. Tampoco que esté mal. Simplemente es parte de este mundo, y permanecerá eternamente en él.
A veces me pregunto hasta qué punto uno puede ser individualista. ¿Realmente existe el individualismo? ¿Realmente existe la dictadura? Hay cosas que hacemos diariamente y nadie considera dictatoriales. Si lo piensan de la manera más abstracta posible se darán cuenta. Estamos insertados en algo que no sabemos qué es con exactitud, ese algo que se denomina sociedad, comunidad. A mí eso me parece dictatorial. Cuando digo que la escuela es una especie de manipulación, no lo digo porque soy vaga y no se me canta estudiar. Pero piénsenlo un rato. Nosotros inventamos este juego. Nosotros inventamos las normas, las leyes. ¿Por qué seguimos algunas y no otras? ¿Cuál es el factor que determina lo que es correcto y lo que está mal?
Me parece que la película es una fiel representación a la realidad. Lo único que falta es darle un significado más completo, la segunda acepción de la palabra por así decirlo. Porque al final, todos vivimos en una dictadura que nosotros mismos creamos, pero no nos damos cuenta. Forzamos a los demás a encajar en nuestra propia realidad y no nos damos cuenta. Dictadura no es solo imponerse como líder en un grupo y hacer que la gente se mate entre sí. Dictadura es burlarse del que tiene una enfermedad mental o una discapacidad. Dictadura es evitar hablar con quien no se viste como uno. Dictadura es pegarle a un niño porque no terminó su comida. Pero es propia del ser humano. Y sin dictadura, nos estaríamos quejando del liberalismo. No digo que esté bien. Tampoco que esté mal. Simplemente es parte de este mundo, y permanecerá eternamente en él.
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