miércoles, 23 de marzo de 2011

Llanto silencioso

Desde hace más de diez años, los alumnos de quinto año del Mater organizan la misión en Florencio Varela, ayudando a aquellos que más lo necesiten. Esta vez, la responsabilidad cae sobre mi curso.
Siendo este proyecto tan importante para el colegio y de tanto impacto emocional para cada uno de los participantes, nos preparamos con bastante antelación. Es por eso que el año pasado visitamos Florencio Varela en nuestra primera pre-misión, para conocer un poco más acerca de la realidad a la que nos íbamos a enfrentar. Conocimos mucha gente y, por consecuencia, varias historias de vida. Una que me había cautivado era la de una mujer con sus hijos que vivía en un cuarto extremadamente pequeño dentro de una especie de vivienda compartida. Amablemente nos invitó a pasar, aún cuando no todas las que fuimos teníamos espacio dentro del lugar. Quien nos había guiado hasta allí era una de mis profesoras de inglés, que era muy bien recibida por ir tan frecuentemente al barrio. En seguida se pusieron a charlar, mientras nosotras conversábamos con los nenes. No es difícil imaginar de mí que no contuve la curiosidad y escuché la charla. Pero en realidad lo que llamó mi atención fue el momento en el que la mujer dijo que había estado internada y salido hace poco. Tal como imaginé en ese segundo en el que repentinamente comprendí todo, mi profesora le preguntó por qué había estado en el hospital, recibiendo como respuesta un "después te cuento". Mis teorías fueron confirmadas unos días más tarde en el colegio, cuando nuestra profesora nos contó que el marido de la señora era violento y le había pegado varias veces, siendo él mismo el causante de la internación.
Durante los meses subsiguientes no tuvimos muchas noticias de la familia, más que la evolución luego de las operaciones de uno de los nenes (Alexis), quien tiene un problema que le impide caminar, por lo que en varias ocasiones juntamos dinero para ayudar a la madre a financiar las operaciones a las que debe ser sometido. Sin embargo, hoy nuestra profesora entró al aula durante uno de los recreos, para comunicarnos sobre ellos. Ella siempre nos contaba que la mujer temía por el bienestar de sus hijos, ya que podía soportar el dolor que sufría pero jamás lo toleraría si la violencia estuviera dirigida hacia los nenes. Además se sentía atrapada, ya que su marido la amenazaba frecuentemente con matarse si lo dejaba.
La mujer huyó con sus hijos.
El hombre se colgó.

1 comentario:

  1. y si no se colgaba alguien lo iba a colgar yo ¬¬, mis impulsos de hacer justicia tienen un pasaporte directo a la cárcel lo sé.

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