A veces me preocupo por mi falta de emoción en la vida. Un edificio podría estar derrumbándose ante mis ojos y yo, cual estatua, lo miraría caer. No es que nada me afecte, pero tampoco me motiva lo suficiente como para demostrar algo. Y a veces siento que las cosas que me afectan no deberían hacerlo a semejante escala, ya que el sufrir por ellas me hace egocentrista.
Durante el viaje, muchas personas decían que extrañaban a sus familias, su casa, su ciudad. Yo no extrañaba nada. En cierto punto es bueno, pero me molesta que no haya nada que considere imprescindible. Será que al no satisfacerme nada, no hay objeto ni persona al que esté completamente apegada. Lo cual no quiere decir que no los quiera ni los valore, solo que si me privaran de ellos me olvidaría enseguida. De vez en cuando añoro cosas, situaciones o imágenes y pienso "qué buenos momentos". Pero a los pocos minutos, cualquier recuerdo se desvanece en mis pensamientos y otra vez me siento una mierda, por ni siquiera ser capaz de sentir algo al respecto.
Sin embargo, cuando volví a casa, comprendí por qué no la extrañaba: simplemente la paso mejor en otro lugar. Siempre hay motivo de depresión, no soporto mi monótona vida en este sitio. Tampoco es que la idea de una vida llena de cambios me suene tentadora. Para variar, nada me viene bien.
La soledad es muy hermosa... cuando se tiene alguien a quien decírselo.
-Gustavo Adolfo Bécquer
Ni yo lo hubiera dicho mejor, me re identifiqué con lo que escribiste ._. XDD
ResponderEliminarYo sabía que vos también lo pensabas, una vez hablábamos del tema y dijiste varias cosas que me hicieron sentir re identificada también!
ResponderEliminar