domingo, 2 de enero de 2011

¿Who are you?

No sé por qué me dieron ganas de escribir sobre alguien que no conozco. Pero no cualquiera, alguien especial. Franco Tempone, el chico que vivía antes en mi casa.
El día en que mi mamá me contó que planeaba mudarse, nunca me imaginé lo que despertaría en mí la experiencia. La idea en sí me resultaba algo molesta, por todas las desventajas que tenía y porque no creo que sea mucha gente la que tenga ganas de sentarse a revisar todas sus cosas mientras las mete en cajas, intentando tirar la mayor parte de las porquerías que acumuló a lo largo de los años. Además, me gustaba mi casa y estaba acostumbrada a vivir allí. Pero mi hermano iba a nacer pronto y definitivamente necesitábamos un lugar más espacioso donde alojarnos.
Mi mamá había estado averiguando el precio de algunos departamentos, viendo en qué condiciones se encontraban, etc. Un día me dijo "voy a ver una casa, ¿querés venir?". Obviamente le dije que no tenía ganas (en estos momentos me arrepiento de ser tan pajera) y seguí con lo que estaba haciendo, que probablemente era nada. Al volver, me contó que la casa era bastante grande para estar en capital, que habló un largo rato con la dueña, una tal Gabriela Choruzy, quien tenía un hijo adolescente. Nada que me llamara mucho la atención.
Pasado un tiempo, me contó que había decidido alquilar ese departamento, por lo que vencí mi constante estado vegetativo para dirigirme a lo que próximamente sería mi hogar. Imagínense mi sorpresa cuando abrí la puerta de la que hoy en día es mi habitación. Lo primero que vi me impactó, las paredes resaltaban a kilómetros por ser dos de ellas azules y las dos restantes verdes. Mi vista recorrió rápidamente la habitación de izquierda a derecha, topándose con cosas curiosas como una corbata roja colgada en una pared, algunos libros y CDs desparramados por ahí y hasta una señal de tránsito (al principio lo dudé, pero luego descubrí que realmente la había sacado de la calle). Me quedé atónita, presentía lo que pasaría.
La primera noche que dormimos allí me puse como loca. Quería saber sobre ese chico, quería conocer su historia. Quizás mis hallazgos no hayan sido los más reveladores, pero para mí cada pequeño detalle que encontraba ayudaba a conformar su perfil en mi cabeza, que por alguna razón siempre me llamó mucho la atención. Conseguí varios datos personales, tales como su nombre, fecha de nacimiento, DNI y me enteré que en ese momento estaba en los últimos años de secundaria del Mariano Acosta, cuarto año si no me equivoco. Incluso llegué a verlo en una foto, había una imagen suya en un diskette. Pero más me interesaba saber qué pensaba, qué cosas le interesaban.
Encontré un papel escrito por él que decía textualmente "mi vida siempre fue una mierda" y abajo "Slipknot". Yo no conocía la banda, la empecé a escuchar por Franco y es gracioso que ahora sea una de las bandas que más me gustan. Conocí otros de sus gustos musicales a través de anotaciones en sus libros del colegio (créanme loca pero revisé cada una de las páginas) entre los cuales figuraban bandas como Blink 182, Árbol y MxPx.
Descubrí otras anécdotas, como que le gustaba una chica llamada Daiana, o que siendo chico le pegó a una compañerita del colegio en el estómago y ella terminó en el hospital. Además heredé un par de libros, entre los que estaban la guía para la vida de Bart Simpson.
Es increíble que jamás lo haya visto, y sin embargo sea alguien que me marcó. Recuerdo que cada vez que pasaba cerca del Mariano Acosta miraba desesperadamente alrededor buscando su cara. Pasé por allí intencionalmente varias veces, aún no sé para qué, ya que aunque lo hubiera visto no le hubiera hablado. Pasó el tiempo y yo jamás lo conocí. Lo último que me enteré de él fue que estaba estudiando antropología en la UBA, lo cual fue el único comentario que hizo la madre la última vez que vino a casa. Ahora ella está en México y no me acepta la solicitud en Facebook. A él no lo encontré. A veces me pregunto si seguirá vivo. Creo que debería dejar de ser tan fatalista.



-My life was always shit and I don't think I need this anymore-

Una familia feliz

Muchas veces mi mamá me preguntó si la quería más a ella o a mi papá. Ante el planteo, yo reía despreocupadamente e ignoraba el comentario, o cambiaba de tema. Pobre, yo sé que siempre la carcomió la pregunta de por qué esos sentimientos, si ella siempre hizo lo mejor que pudo y mi papá parecía mandarse cagada tras cagada. El problema radica en lo sustancialmente diferente que es ella de nosotros dos, lo que la lleva a no comprender nuestras necesidades (no la culpo, yo misma no lo hago) y creer que nos está haciendo un bien con cosas que no nos interesan o hasta nos exasperan. No sé como hace, pero al final me termina lastimando más ella que los que en sí causan los problemas, ya sea con sus comentarios, con sus gritos o su simple incomprensión de mi mundo. Me vienen a la mente varios recuerdos, quizás estúpidos pero que fueron delineando nuestra relación.

Cómo olvidar aquellas noches en las que no podía dormir y lloraba silenciosamente. No, no era insomnio. Eran los gritos de mi mamá. Esos gritos que aturdían, esos gritos que se metían en mi cerebro y no me dejaban pensar, esos gritos que no me permitían dormir. Y nunca se dio cuenta de que no sirve de nada gritarle a alguien cuando está borracho o drogado, porque no entiende planteos ni reprimendas en ese estado.
O esa vez que encontré una bolsita de plástico en la mesa. Ella prácticamente me la arrancó de las manos y comenzó a preguntarle a mi papá si no le daba vergüenza, que cómo podía permitir que su hija viera eso y otras cosas de la misma índole con ese tono de exageración propio de su carácter. Luego tiró la bolsita en la basura, y yo la recuperé mientras nadie me veía. Me acuerdo de mí misma mirando la bolsita sin llegar a comprender por qué había tanto enojo en sus palabras. Varios años más tarde me di cuenta de que eso, era una bolsita de cocaína.
Siempre escandalizando todo esa mujer, nunca sabía qué hacer y parecía elegir siempre el camino que peores consecuencias le traía. Claro ejemplo, esa vez que escribió la pared del cuarto matrimonial con mensajes ofensivos hacia su esposo, ya que estaba enojada porque era tarde y él no llegaba (cosa que tampoco era demasiado rara; ha llegado ha desaparecer por varios días). No recuerdo con exactitud qué había escrito, sé que estaban en el mensaje las palabras "borracho" y "puto". De hecho hasta recuerdo verla a ella pensando qué palabras podrían ofenderlo más. No es muy complicado imaginarse en qué termino la escena: mi mamá recibiendo una golpiza como siempre, mi papá enojado, y yo ahí, viendo cómo mi mamá era obligada a limpiar la pared con un trapo mientras lloraba desconsoladamente. Por supuesto que no se borraron del todo las letras, quedaron así durante bastante tiempo, hasta que mi papá decidió darle una mano de pintura al cuarto.

¿Se entenderá ahora por qué mi afecto repartido en forma extraña? A veces las circunstancias trauman más que el hecho mismo. Eso explicaría por qué mi enojo con uno, pero quizás no el afecto con el otro. Pero eso es algo del ser humano, la afinidad, qué se yo. Paso a explicar.

Cada vez que lloraba, mi papá se daba cuenta. Cuando me retaba por algo, sabía exactamente lo que había hecho o dejado de hacer. Mi mamá siempre fue incoherente para esas cosas, algo que me molesta demasiado. Digamos que es una persona que se basa más en el ánimo de ella que en lo que necesita el otro.
En fin, él era el que se levantaba temprano para llevarme al colegio (no siempre, pero tampoco tenía por qué hacerlo ningún día, ya que yo podía ir sola). Mi mamá me decía "ni te pienses que me voy a levantar a esa hora" o le echaba la culpa a algo más. Es más, aprendí a usar el colectivo sola en séptimo grado, cuando mi papá entró a la clínica de rehabilitación y mi mamá me dijo "yo no te pienso llevar, así que te tomás el colectivo". También recuerdo que lloré porque no me acompañó ni siquiera la primera vez y no estaba segura de dónde bajarme. Tuve que caminar como diez cuadras para llegar al colegio.
También era mi papá el que de vez en cuando me levantaba con el desayuno preparado, con huevo y tocino, como nos gusta a nosotros. Después mirábamos algún documental o hablábamos sobre algún acontecimiento raro del diario. Mi mamá nunca hacía algo así. Lo único que me hacía ella eran los capelettinis de giacomo, que me a mí me encantan. Pero sólo los hacía cuando estaba enferma (una de las razones por las cuales a mí tanto me gustaba enfermarme). Una vez que estaba triste y quería comerlos, la desperté y le pregunté si podía cocinar eso a la noche. Me mandó a la mierda porque se había peleado con mi papá la noche anterior. Y qué culpa tenía yo.

Situaciones similares podría nombrar bastantes, pero no es algo que quiera hacer ahora. Sin embargo, hay algo en especial que recuerdo. Mi papá una vez compró un par de paquetes de estrellitas que se pegan en el techo y paredes de la habitación y brillan en la oscuridad. Las pegó en el techo de mi cuarto y yo las contemplaba todas las noches. Siempre me gustaron esas cosas.
Años más tarde, yo me mudé, mi prima compró esa casa, etc. Lo importante es que mi papá no tenía dónde vivir, y como sobraban habitaciones, se quedó con mi prima. Un día me llamó y me dijo "no pude dormir en tu cuarto". Le pregunté por qué y me respondió. "Cuando apagué las luces, se empezaron a ver las estrellas que te compré. Pensé en lo mal padre que fui y lloré toda la noche".

sábado, 1 de enero de 2011

Be quiet

Hoy estoy tranquila. No depresiones matutinas, no depresiones vespertinas, no depresiones nocturnas. ¿Habrá funcionado el clásico chantaje de nuevo año, nueva vida? No creo. Más bien es la falta de sueño: cuando no duermo estoy dopada. Definitivamente mi cuerpo no tiene gran resistencia: la cabeza me da vueltas, la presión ocular aumenta notablemente, me duele cada extremidad del cuerpo como si un grupo de gente furiosa me hubiera dado una paliza anoche. Pero estoy tranquila.


You better lose yourself in the music, the moment, you own it, you better never let it go.
You only get one shot, do not miss your chance to blow. This opportunity comes once in a lifetime.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Desequilibrio

¿Por qué te hace tan mal? Tu mente te da las explicaciones, tu lógica te resuelve el problema, pero vos no parás eh. Dale que dale, siempre lo mismo, la puta que te parió. Siempre te pasa, no te hagas la boluda. A vos te gusta estar mal. Te gusta sufrir. Claro que sí. Es tu forma de llamar la atención, de que todos estén atrás tuyo para sentir que valés algo. Siempre fue tu deseo inconsciente, no trates de negarlo. Inconsciente no sé hasta que punto, porque te das cuenta. Como sea, es por eso que tenés esas fijaciones raras. Te gusta. Te encanta. Querés estar internada pero no lo estás. Querés estar borracha pero no lo estás. Querés estar drogada pero no lo estás. Querés estar loca pero... mierda, se me cagó el paralelismo.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Little brother

¿Preguntarías por mí si me fuera? ¿Te acordarías al crecer?
Ay chiquito, ojalá nunca crezcas. Después te van a venir todos los problemas. Vas a llorar. Y sí, es triste. Por ahí vos tenés más suerte, no todo está perdido. Aún.

~Pysy aina pikkuveljenä ja lintuna, älä koskaan miehisty.
En meidan taloon lisää aikuisia halua~

martes, 28 de diciembre de 2010

Loca con estilo

¿Soy acaso la única enferma que tiene suficientes neuronas para escribir decentemente y adaptarse de una manera pasable a su entorno? Por favor, es patético. Lo peor es que ni siquiera se dan cuenta de lo idiotas que son. Encima raros, porque si fueran idiotas normales no joderían con cosas estúpidas. A veces no sé si me dan pena o ganas de partirles la cabeza contra el asfalto. En fin, hay que aprender a convivir con los demás. O mandarlos a la mierda y listo.

Go away

Ayer pensé mil cosas y ya no me acuerdo. Tengo que dejar de llorar por cosas que no valen la pena. La puta que te parió, eso me acuerdo.

¿Me querés? ¿Te importo un poquito aunque sea? Forro.


Now hush little baby don't you cry, everything's gonna be alright.